18 octubre 2013

Migas en La Mancha {pan con cuchara}

Si nunca has comido el pan a cucharadas necesitas escribir YA la lista de cosas que no puedes dejar de hacer antes de morirte. Yo ya he tachado ésta de mi lista. El pasado fin de semana participé en una experiencia gastronómica de primer nivel en el corazón de La Mancha. Comí migas manchegas. En realidad comí LAS migas manchegas. Eso significa que, además de haber disfrutado como loca haciendo una de las cosas que considero más gratificantes del mundo, que es zampar hasta hartarme rodeada de la gente que quiero, debo pasar al siguiente punto de mi lista (¡Sambódromo allá voy!).


Si en todas las familias las reuniones suelen estar muy relacionadas con la gastronomía local y familiar, en mi familia no es diferente, pero es a lo grande, aumentado con lente de telescopio astronómico. En mi familia cuando nos juntamos, nos juntamos y comemos, comemos mucho, y comemos muy bien. En este caso el poder de convocatoria se lo disputan mi tita Mari, la matriarca de la familia en ausencia de nuestra querida abuela, y sus migas, legendarias a través de generaciones.
Mi tita cuenta con la ventaja de su dulzura y esa capacidad de hacer sentir como en casa a todo el que entra en su órbita. Su zona de influencia es la zona de confort de los demás.
Sus migas por su parte, compiten sabiéndose las más sueltas y las mejor acompañadas de condumio abundante, sabrosísimo, nada grasiento, y coronado por unos pimientos secos fritos en una medida justísima, para la que hay que dominar una técnica de manchego honorífico, título sólo accesible a personalidades de la talla manchega de Don Quijote.
Así que cuando mi tita convoca a unas migas, uno no tiene muy claro si va por mi tita o por sus migas, pero lo que sí tiene claro es que va.
Preparar unas migas para más de 30 personas implica una gran labor de planificación. Hay que humedecer las migas con agua aromatizada con ajos la víspera. Hay que freír tal cantidad de kilos de condumio que es necesario empezar con tiempo porque de otra manera se comerían las migas, pero una semana más tarde de lo previsto. Torreznos, chorizos, cochinillo, pimientos verdes, pimientos rojos secos, sardinas de cuba....
Y si todo esto parecía ya suficiente trajín, aún falta darles a las migas lo que les gusta a ellas: movimiento. Hay que removerlas antes: para que se humedezcan uniformemente y no se apelmacen; durante: para que se tuesten, pero no se quemen, para que se hagan, pero no se sequen; y después: para, al pasar a repetir, coger de las que quedan enterraditas abajo, que son las que mantienen el calorcito. Este meneo es especialmente duro en la fase del durante,  pero estoy segura de que mis queridos primos se alegraron de remover kilos de migas al calor de las brasas porque no hay nada mejor para poder sentarse después a comérselas sin remordimientos.
A pesar de que yo no llegué todo lo pronto que me habría gustado (niñas a hacer pis antes  de salir de viaje - mami no me sale - venga pues al coche - mami me hago pis - pero qué me estás diciendo que acabamos de salir - mami tengo ganas de gomitar - para!-paraaaaa!  - los clásicos de ayer y hoy de los viajes con niños) la preparación de las migas discurrió como es lo habitual. Con participación de mucha gente porque todo el mundo puede echar una mano haciendo algo y metiendo la nariz en la cocina para ver el espectáculo en primera fila. Con los saludos, los abrazos, los besuqueos sonoros y los aperitivos junto a las brasas (los aperitivos y el arrimao  de hombro me los perdí para mi pena, pero abrazos y besos con ruido di y recibí a montones).
Y es que las migas UNEN. Las migas se comen metiendo la cuchara en una cazuela de ésto y en otra de lo otro para que te quede tu propio plato de alta costura. Comentando con unos y otros si han probado los torreznos, o los chorizos que pican, o que no dejen de echarse uvas en las migas porque el crujido de la uva dulce y fresca con la textura de las migas es un manjar que si no lo pruebas teniéndolo delante, vas al infierno de los bobos fijo. Las migas se comen hablando de lo que a unos les gusta echarles y de lo que les gustaba a los ausentes. Disfrutando de la compañía y de la buena comida que es de lo que se trata. Y reconociendo a los artífices los méritos. Y sobre todo, por favor, las migas se comen con cuchara.
Y son tan majas estas migas, que además sobran y quedan de muerte en unos tupper que nos llevamos como tesoros a nuestras casas en las que un fin de semana nostálgico nos daremos otro homenaje manchego.









De la sobremesa ¿qué os puedo decir? Que cosas como las que allí se vieron suceden en las mejores familias... El cancionero popular lo dejaron tiritando a pesar del calor de los cafés y de los brindis. Los sospechosos habituales volvieron a estar presentes: bailes, risas, recuerdos de infancia y confidencias. Familia pura al aire libre.
¿La receta? te la daré en otra entrega, que aún está muy reciente en mi estómago el atracón y no soy capaz de entrar en los detalles sin que se me salten las lágrimas (me parece que voy a tirar de tupper antes de lo que pensaba)



No me maravillaría de nada deso –replicó don Quijote–, porque, si bien te acuerdas, Sancho, la otra vez que aquí estuvimos te dije yo que todo cuanto aquí sucedía eran cosas de encantamento, y no sería mucho que ahora fuese lo mesmo.
¿Diría la verdad Don Quijote, a quien la razón nunca abandonó del todo, y en realidad habrá sido todo un sueño?























El 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación y del Pan. Con este Pan con Cuchara quiero sumarme a este intento de concienciación y de llamada de atención sobre la falta de pan que se sufre en el mundo.


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10 comentarios:

  1. Pero que vivan los manchegos, las miguitas y la familia!

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  2. Que buena crónica has hecho de unas contundentes migas manchegas. Has sabido trascender con cariño lo gastronómico con lo sentimental.
    Es verdad que unas buenas migas saben mejor, si se comen en familia.
    Eres GENIAL!!!!!. Muchos beso tu tita Mari.

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  3. A mí las migas me gustan, pero se me da bastante mejor el gazpacho manchego, sobre todo en invierno y cuando ando hambriento (que es casi siempre). Se me da bien su transporte quiero decir, el moverlo del plato a la panza.

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    1. Que no me entere yo que este Guillermito pasa hambre!! ;-)

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  4. Ay bea lo que me he reído y mi madre tb que es manchega y las migas también son lo suyo, que genial tus fotos y comentarios! Que grande eres Mansilla!Mj (por cierto mi madre dice que la siguiente sea de gachas!) muuuuak

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    1. Ay que voy a tener que tirar del recetario de mi tita Mari porque yo de gachas ni idea! Jajaja. Mua. Y besos a la manchega de tu madre!

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  5. Por Almería se hacen con una harina especial que las deja ligeras y muy sueltecitas. ¡Qué razón tienes con el trajín que dan! y por favor con cuchara y todos comiendo de la misma cazuela, sin voces las migas no son migas.

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